“Ciertamente no fui creada para odiar, sino para amar” οὔτοι συνέχθειν, ἀλλὰ συμφιλεῖν ἔφυν (Sófocles, Antígona 523)
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Resumen
Antígona es valentía, es amor profundo, es sanación y es una voz de protesta pacífica en una civilización hostil y violenta. Quizá inconcebible en el mundo de los héroes homéricos, quizá imposible en un entorno que glorifica al soldado, hombre, guerrero… o quizá un testimonio de la agencia y resistencia femenina al odio y a la violencia. Al negarse a odiar a su enemigo –su victimario, quien declaró y condenó como traicionero a su hermano y quien deliberadamente buscó deshonrar y deshumanizar su cuerpo y legado– actúa en rechazo absoluto de la guerra y de la continuación del conflicto. Bien decían las abuelas que “para pelear se necesitan dos”, y es precisamente útil recordar este aforismo en el entorno bélico en el que se encontraba sumergida.
