El acontecimiento urbano de la pregunta: locura y muerte
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El ser humano por naturaleza es un ser en un constante devenir, es un ser cambiante, mutante, dinámico, inconsistente, fluido, indeterminado. Es un ser sin tiempo ni espacio, pero su experiencia lo vuelve preso del tiempo y el espacio. El ser humano tiene tiempo y tiene espacio en la medida en que esa experiencia se registra en la memoria, se recuerda y se recrea de alguna u otra forma. Y es la experiencia la que le permite habitar. Para la ciudad contemporánea no es conveniente tener ciudadanos mutantes, inconsistentes, indeterminados, porque ese tipo de ciudadanos no permitiría mantener una estructura con una lógica de funcionamiento determinada, porque esos seres significarían siempre el caos, porque ellos serían caos constante. De allí, que dentro de la estructura misma de la ciudad estén insertos una serie de mecanismos diseñados para codificar, de alguna manera, esos seres, y enlazar sus comportamientos, actitudes, deseos, silencios, palabras, estilos, gustos y vida a la estructura misma.
