Cine: arte y perversión
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Resumen
Curiosamente y por paradójico que resulte, pensadores tan disímiles como Aristóteles y Wittgenstein coinciden en señalar que una de las cosas más difíciles de lograr es identificar y explicar (o dar cuenta de) algo que tenemos ante los ojos de manera permanente. Yo creo que tienen razón, y una forma de confirmar lo que sostienen es haciendo ver cuán difícil resulta intentar cuestionar o someter a crítica algo que nos ha acompañado desde que nacimos y que la mayoría de las personas tendería a ver como “natural” (como algo que siempre ha estado allí y que, por consiguiente, sería insensato intentar siquiera poner en tela de juicio). Por ello, lo más probable es que si alguien pretendiera elevar objeciones o hacer una crítica a algo que es visto como un engranaje indispensable de la maquinaria de la vida cotidiana contemporánea –como ciertamente lo es el cine–, bien podría ser que la primera impresión que se generara en interlocutores o lectores fuera la de que quien sostiene algo así no está en sus cabales, quiere llamar la atención o está completamente desorientado.
