El visaje es colonial ver y ser visto en las fiestas de Medellín : entre la colonia y el siglo XXI

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En las grandes ciudades de la colonia española, cómo Santafé de Bogotá, Ciudad de México, Cartagena, etc… la división social, política y económica era clasificada por castas; color de piel, lugar de nacimiento y apellido. Sin embargo, este no era el caso de las poblaciones periféricas a los centros de dominio colonial. La Medellín que conocemos actualmente deviene de una pequeña villa colonial poblada mayormente por mestizos, quienes para diferenciarse de sus semejantes al conseguir unos pesos, se vestían, se movían y hablaban como blancos. Como la distinción y la jerarquía en esta villa no era visible en la piel, los mestizos más pudientes y más avergonzados de su color, debían buscar ambas en ciertos objetos y actuaciones que comunicarán su posición social y económica. Ser blanco en la Villa de la Candelaria era una cuestión objetual y no racial. La división social en este valle nunca fue de blancos e indios como en las grandes ciudades coloniales, si no de ricos y pobres. Ante la eterna imposibilidad del mestizo para conseguir la blancura europea lo que le queda es aparentarla con la mayor extravagancia posible. Acá no hay lugar para la austeridad y la sutileza, porque la ostentación de la riqueza, o en otras palabras: el visaje, ha sido siempre el mecanismo de blanqueamiento.

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