Estética y educación para pensar la paz
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Resumen
La educación nos enfrenta a lo desconocido, señalaba Britzman, y ello no deja de ser paradojal para la actividad social que, por excelencia, tiene por misión transmitir a los nuevos aquello que ya está en el mundo, lo conocido. Es, probablemente, esa paradoja aquello que vuelve a la tarea de educar fascinante y sin duda a la investigación que se reúne en este volumen. Ahora, ¿cómo pueden ser admitidos ambos enunciados? ¿Cómo podemos imaginar que una actividad cuya misión es, parafraseando a Arendt, transmitir a los nuevos aquello que ya está en el mundo y que por tanto no deja de ser conservadora, enfrentarnos a lo desconocido? ¿Cómo puede esa tarea de conservación ser un hito clave o incluso de resistencia en la era de la liquidez? Y más aún, ¿cómo puede esta tarea llevar la promesa que el futuro trae consigo? En la sociedad de los flujos en la que lo sólido parece trágicamente destinado a desvanecerse y la novedad es mucho menos que un destello, la pregunta por aquello que está destinado a permanecer, que debemos proteger y cuidar como legado es en sí, clave. Sin duda, las grandes cuestiones ambientales, los desastres naturales y sociales del siglo XXI son parte de una trama que nos tiene viviendo y haciendo en un mundo en el que, a veces, pareciera que la bomba atómica o Auschwitz sólo hacen parte de un catálogo de museo. Es, entonces, que la pregunta por aquello que debemos proteger, cuidar y legar es central no ya para un futuro que se hará en la imagen de generaciones lejanas que alguna vez vendrán sino en el hacer diario, en ese aquí-ahora benjaminiano.
